Desmontando al Joker

 

“Tengo unas pautas para ti si vas a estar en el proceso. Hay algo que quiero que hagas. Son tres cosas. Una: No lo quiero ver en ese traje. Dos: No quiero verlo volar. Y tres: Debe luchar con una araña gigante en el tercer acto”. John Peters a Kevin Smith, acerca del proyecto Superman Reborn

Ahora que el actor de nombre impronunciable Heath Ledger (1979-2008) anda criando malvas (o incinerado, a la manera brit), parece ser que resuenan trompetas de Óscar en torno a su inapropiada encarnación del personaje del Guasón, como dicen los sudacas, en la enésima secuela de la franquicia del hombre murciélago. Como el primo lejano de Forrest Gump de la novela de Kosinski (el prota de la fundamental "Desde El Jardín", encarnado por Peter Sellers en el cine), el único mérito de Ledger es haber estado en el sitio adecuado haciendo lo mínimo: dosificando los gestos y pataletas del Joker de un modo zen, despojado de gadgets, con retazos de discurso anarco mal estructurado (resulta muy coñazo su excesiva apelación al Kaos, con ka de burro), y recreándose en la dimensión psicopatológica del personaje. La moda de la deconstrucción postmoderna, maravillosamente sintetizada en el encabezamiento de arriba, dirigido a Kevin Smith, nos trae a un Joker 2.0 andrajoso, cercano al feísmo expresionista de Francis Bacon y mimetizando de manera abiertamente obvia los gestitos y disfraces del fantasma emo que encarnó en "El Cuervo" el malogrado Brandon Lee, con el que comparte elogios desmedidos y adoración post mortem. Pedirle al tebeo un discurso adulto, como de best seller, sólo lleva al ridículo más absoluto, y este Joker serio aburre a las piedras con gafas de pasta. Why so serious?

En cualquier caso, estos lodos vienen de otros polvos de talco. Antes de Ledger, el brasas de Tim Burton (otro que tal baila con los tebeos y el cine), firmaba el principio del fin de su carrera, al menos artísticamente hablando, con la primera adaptación "seria" del tebeo DC (la segunda tenía un pase), naufragando en un puré neogótico. Era el primer Batman, y Jack Nicholson (1937), que es lo mejor de la película, a años luz del registro inexpresivo de Keaton y Basinger (ésta al menos estaba rica), se mostraba sobreactuado y exagerado hasta límites que no volvería a alcanzar en "Lobo", cumbre de su histrionismo gratuíto. Como en esas patochadas donde meten al Dennis Hopper viejo para dar color, Nicholson no para quieto y agobia con bailoteos, solemnidad impostada y salidas de tono innecesarias.

En mi opinión, el cubano César Romero (1907-1994) fue (y es) el Joker más consecuente y terrorífico de cuantos han encarnado al mítico villano tebeístico. En primer lugar, es el más pop y cercano al cómic: hace uso de todo tipo de juguetes absurdos y mortíferos, viste y se disfraza mejor que cualquier pelagatos consagrado de los mencionados arriba, y estuvo encarnándolo durante muchísimo más tiempo, concretamente, de 1966 a 1968. Romero no hace de Joker, es el puto Joker. Y eso se nota, porque lo borda sin aparente esfuerzo. En segundo lugar, el actor detrás del personaje tenía mucho más interés y carisma as a person (ni siquiera hizo falta quitarle el bigote para hacerlo creíble; bastó con pintárselo de blanco España). Miembro de la jetset Hollywoodiense, fue algo más que amigo de Tyrone Power, modelo de alta costura, bailarín, y abrazó hasta su muerte la llamada teología de la liberación -rama izquierdosa del cristianismo, bastión de los jesuítas-. Basta echar un vistazo a un puñado de sus apariciones en la mítica serie para darse cuenta de que no hay color http:/www.youtube.com/watch?v=CjiIHfKwi0Q

El pollo danzante de Stroszek

"Stroszek"
Int: Bruno S., Eva Mattes, Clemens Scheitz, Wilhelm Von Homburg, Burkhard Driest, Clayton Szalpinski, Ely Rodríguez Dur: 115 min

La película que indujo al suicidio al garganta de Joy Division. Herzog dibuja una elipsis sobre los supervivientes de la sociedad de -explotación y- consumo, narrando la historia de Bruno, un músico ambulante que sale de la cárcel, y acoge en su casa a una chusca prostituta de rasgos caucásicos, chuleada por dos macarras que les hacen la vida imposible. Juntos intentarán dejar atrás la miseria y el chabolismo vertical, y comenzar una nueva vida en una granja de América, pero allí todo se agravará: la joven seguirá vendiéndose a los camioneros por unos pavos extra después del trabajo, y Bruno verá como embargan sus bienes –la casa y la tele, subastadas en una delirante secuencia jaleada por rednecks y hillbillies-. El final muestra a un protagonista fuera de si, con un determinismo protopunk que tras atracar el banco del pueblo para recuperar su dinero, abandona su furgoneta –ardiendo y girando en círculos- para adentrarse en una especie de rudimentarios recreativos, donde unas atracciones mecánicas son accionadas por animales. Bruno las pone en funcionamiento manipulándolas por la fuerza, y las atracciones se ponen a rodar indefinidamente. A continuación pone en marcha un pequeño teleférico, y sube a él de un salto, para suicidarse a continuación, integrándose él también en una figura mecánica cíclica, y dibujando así una bella metáfora sobre la explotación sistemática. Ian Curtis hizo la lectura más extrema posible: él también giraba colgado del techo de la cocina de su casa mientras el furgón ardiendo dibujaba círculos sobre si mismo dentro de su televisor; secuencia recreada en la magnífica peli de Winterbottom “24 Hour Party People”.

Volviendo a los animales, lo mejor de la película, a nivel conceptual, es la escena del pollo danzarín en la máquina de echar duros. Piensen ustedes en sus trabajos y analicen lo que hacen por cuatro perras, y luego intenten echarse unas risas.
http://youtube.com/watch?v=lUcTvhyof8I

Revisitando Brideshead Revisited

Retorno A Brideshead (Brideshead Revisited) además de una novelita recomendabilísima para estas tardes tontas de verano, por sus altas dosis de intrascendencia, azote británico y pompa rococó, es una serie antológica de la tele inglesa de principios de los ochenta, cuyo visionado debería ser obligatorio en todos los colegios. La versión escrita, obra del simpar Evelyn Waugh (en Anagrama tiene editada una novela corta sobre cementerios de animales absolutamente deliciosa) contiene un párrafo fascinante, donde el primo del protagonista le alecciona sobre los peligros a evitar en un college y los consejos para sobrevivir, académicamente hablando:

¿Estudias historia? Una escuela perfectamente respetable. La peor es la de literatura inglesa y después la de filosofía y ciencias políticas. Debes sacar un primer puesto o un cuarto. Los grados intermedios no tienen ningún valor. Pretender un segundo puesto es perder el tiempo. Debes asistir a las mejores clases, Arkwright sobre Demóstenes, por ejemplo, sin tener en cuenta si corresponden a tu disciplina o no… En cuanto a la ropa, viste como vestirías en una casa de campo. No se te ocurra jamás llevar chaqueta de tweed ni pantalones de franela; siempre un traje. Y acude a un sastre de Londres: el corte es mejor y el crédito más largo… Clubs. Hazte socio del Carlton ahora mismo y del Grid al empezar tu segundo año. Si te interesa ser miembro de la Unión, y no es una mala idea, fórjate primero una reputación fuera de ella, en el Canning o el Chatham, y empieza por artículos en la revista… Y no te acerques a Boar´s Hill… (…) No trates a los profesores como si fueran maestros; trátalos igual que al vicario de tu pueblo… Descubrirás que pasas la mitad de tu segundo año quitándote de encima a las amistades indeseables que hiciste durante el primero… Cuidado con los anglocatólicos, todos son sodomitas con acento desagradable. Es más, manténte lejos de todos los grupos religiosos; sólo traen problemas. (…) Y otra cosa. Cambia de habitaciones. He visto arruinarse la carrera de más de uno por tener habitaciones en la planta baja que dan al patio principal. La gente empieza a dejarse caer por aquí. Te dejan las togas y vienen a recogerlas antes de ir a clase. Cuando te das cuenta, has abierto un bar gratis a todos los indeseables del College.   

Momentos de pop excelso (2): “Isn´t Life Strange” de The Clientele

Si la hubiesen escrito los Zombies sería un clásico innegable del sunshine pop. "Isn´t Life Strange" tiene la languidez de una tarde de verano infinita, el equilibrio perfecto entre la tristeza de lo perdido y la felicidad de saber que aún hay más, que en la voz de Alasdair MacLean, se torna un canto elegiálico por las ocasiones desvanecidas, por las cosas de cristal que se rompen y nunca se vuelven a pegar. Maravillosa.

http://mog.com/gerekriss/blog_post/90204

Los héroes inacabados

"Un cojo se echó en un pozo, otro cojo lo miraba y otro cojo le decía: Mira el cojo como nada". Popular

El cine y la tele, quizás por su condición de representación parcial, por su aspiración a ser realidad sin serlo, han mostrado una natural predilección por los héroes mutilados, inacabados, mal hechos. En Onorama queremos hacer un recorrido por los más significativos: 

Garras Humanas (The Unknown, Todd Browning 1927) El irrepetible Lon Chaney, maestro de la "caracterización extrema", como dio en llamar a las asombrosas mimetizaciones morfológicas de la realidad física de los anómalos personajes a los que dio vida, se mete en la piel de un lanzador de cuchillos manco, enamorado de una corista que huye de los brazos peludos, traumatizada por un incidente sexual del pasado. Lo que el espectador no sabe es que en realidad él no está tullido: esconde sus manos porque se oculta de un antiguo crimen. Sin embargo, al enamorarse de la pollita desquiciada, decide, en un acto de amor puro y definitivo, extirparse los brazos quirúrgicamente para agradarle. Cuando ella le confiesa que está coladita por el forzudo del circo a él le da un ataque de risa de persona loca y se trastorna. El final aún es más desastroso y malrollero.

Acción Mutante (Alex de la Iglesia, 1993) Un grupo revolucionario terrorista de discapacitados físicos lucha contra el sistema y siembra el horror en la galaxia, derrocando el imperio de la gente guapa y dejando tras de si un rasto de hemoglobina y explosiones. El discurso de De la Iglesia nunca fue tan radical, falto de complacencia comercial y libre. Puro tebeo punky de corta pega, trufado de homenajes (la masacre de los pijos con Karina sonando de fondo es brutal), con un nada amable Antonio Resines en las antípodas de sus habituales papeles mainstream orientados al público familiar.

Ricardo III (Laurence Olivier, 1955) La mugre y la furia. El rey jorobado y envidioso que se hizo con el trono de Inglaterra urdiendo oscuras tramas en la sombra, sirvió a Julien Temple como alegoría para cohesionar todo el material de archivo rodado en torno a los Sex Pistols, y su corte de bufones deshilachados, The Filth And The Fury. Laurence Olivier nunca estuvo tan terrorífico y convincente como cuando encarnó al sanguinario Duque de Gloucester, haciendo gala de la popular mala ostia del cojo en esta recreación maquiavélica del personaje antológico de Shakespeare.  

Yo Claudio (Herbert Wise, 1976) Tiberius Claudius Drusus Nero Germanicus, el Emperador torpe y tartamudo que inmortalizó Derek Jacobi en la serie homónima, ambientada en los días finales de la Roma clásica. Menospreciado por sus parientes, que no ven en él más que a un pobre tonto, dejado del favor de los dioses y los hombres, acabará tocando sus sienes con los laureles del César, y tomando el joystick del Imperio, por la sóla estrategia de pasar desapercibido en un entorno tan nocivo como la atmósfera de Venus. "Exagera tu cojera y finge aún más tu tartamudez. Sólo si piensan que eres un tonto lograrás salvarte" es el consejo que le guardará de la quema dinástica. Excelente lección de Historia.

El mago, de John Fowles

"El amor no es la identidad de dos personas, sino el misterio en el que se unen" John Fowles

Si existe un libro capaz de absorver la atención humana hasta límites propios del sexo y de algunos opiaceos, y hacer que el mundo de las personas normales, se convierta en algo tan relativo y obviable como el sonido que hace la roca en la que vivimos al girar sobre si misma, ése es sin duda "El Mago" (John Fowles, 1964), un puzzle de dimensiones titánicas, un inmenso plot donde nada es lo que parece y nadie muestra su verdadera identidad hasta la última página. El perro viejo de Fowles (1926-2005), que ya había escrito dos años antes la maravillosa "El Coleccionista", en la que se basaría el imprescindible filme de culto de la escena pop británica de los 60, elabora aquí un relato atrapante, ineludible, tejido como una tela de araña, en torno a un personaje que trata de buscarse a si mismo, huyendo de los escombros emocionales que ha dejado en su Londres natal, para acabar perdiéndose, casi contra su voluntad, en una odisea psicopatológica y esotérica en una exótica isla griega, donde acepta un puesto de profesor sin saber la que se le viene encima. La existencia de un nebuloso personaje místico; una mezcla de embaucador, mago y santón, poseído por una misantropía diogenética que le mantiene al margen de sus congéneres, trastornará la estancia del protagonista, colocándolo en el centro de una trama agitada, en la que no faltarán alucinógenos, nazis, amantes gemelas y extrañas apariciones, desafiando las leyes de la lógica y la razón.

A la manera de los textos clásicos, El Mago es un viaje iniciático, un metathriller que va más allá de la simple aventura exterior, y renueva el género abriendo puertas en planos inusuales hasta entonces dentro del género, como son el onírico, el filosófico o el psicoanalítico. Fowles aglutina las enseñanzas de Homero y Ovidio, y las reformula con el pulso de la literatura beat, creando un tebeo altamente disfrutable, donde cada caja esconde otra en su interior, en una sucesión contínua de quiebros, sorpresas y engaños.

 

5 discos para escuchar en verano

EL VERANO ADOLESCENTE "Yours To Keep" (Albert Hammond Jr., 2006) El guitarra peludo de los Strokes se desmarcó en su debut en solitario con una colección de canciones soleada, despreocupada y compacta, que apela al folk naïf de Donovan en las lentas (Cartoon Music For Superheroes, Blue Skies), e invoca el espíritu de la Nueva Ola neoyorquina en los medios tiempos (In Transit, Holiday), trufada de jingles que funcionan a la primera escucha (101, Bright Young Thing), y con un sentimiento liberador irresistible. Los Strokes le cantan a las masas que huyen de la ciudad cuando el asfalto fundido empieza a engullir coches. Albert Hammond es el verano adolescente en las terrazas de Manhattan, con el skyline anaranjado y los aviones pasando por encima, haciéndose a la idea de que está uno en la playa con una toalla y un coco hueco relleno de zumo. Summer is a state of mind.

EL VERANO DE LOS CAMBIOS "Clouds Taste Metallic" (The Flaming Lips, 1995) Si Albert Hammond Jr. representa el verano inocente y cándido en la ciudad, los Flaming son el rito iniciático en la casa de campo, descubrir a los Flying Burrito Brothers, los Zombies y los Carpenters en el viejo ocho pistas del desván, las chicas del vecindario que leen tebeos raros, y el ácido en el porche de atrás. La ceremonia orgiástica de Wayne y los suyos, alcanza su punto máximo en este tour de force de influencias psicodélicas magníficamente concretadas; un largometraje hecho a base de flasbacks de superocho pegados con mermelada de arándanos, y proyectado con un foco gigante para hacer aterrizar aviones. Un viaje alucinante al centro del cerebro en pleno mes de Agosto, remojado con limonada. Eros y Tánatos entrechocan sus fuerzas para conjurar el disco del verano de las primeras veces. Y San Brian Wilson preside la misa pagana con una sonrisa beatífica.

EL VERANO PERFECTO "Warmer Corners" (The Lucksmiths, 2004) La cuadratura del círculo veraniego: no sobra un solo tema en este fresco de emociones tan luminoso como memorable. Uno no se cansa de escuchar a los Lucksmiths desde el mismo momento en el que los descubre. Todas las canciones, TODAS, son singles potencialísimos, resueltos en pocos minutos, y envueltos de una languidez y un optimismo puramente Morrisey, que alza el vuelo y se posa delicadamente, arrastrándote con las inflexiones de la voz de Taliesyn White hasta el limbo donde laten todos los veranos perfectos que nunca hemos vivido. Es imposible que este disco no le guste a nadie.

EL VERANO INTEMPESTIVO "L´Avventura" (Dean Wareham & Britta Phillips, 2003) Cuando el crepúsculo linda con el amanecer de un modo mágico, como si no hubiera sucedido nada y hubieran transcurrido siglos a la vez. Cuando la ingravidez veraniega suspende el tiempo en la oscuridad, Dean Wareham y Britta Phillips son la voz que guía los pasos del astronauta advenedizo, perdido en un mar de sensaciones nuevas, abrumado por la pureza de los brillos estelares sobre el tapiz negro del cosmos. L´Avventura es un trabajo denso y fácil: es Gainsbourg y Scott Walker, pero también es easy listening puro, el hilo musical de una discoteca secreta, una especie de logia donde el corazón abre puertas infranqueables. El disco del estío diluído en el misterio de la noche.

EL FINAL DEL VERANO "Transatlanticism" (Death Cab For Cutie, 2003) Desde el momento en que Septiembre empieza a rondarnos como una guadaña Bergmaniana, es hora de sacar el jersey del fondo del cajón, decir adiós a los amigos de la playa, y escuchar en el coche, bordeando la carretera que transcurre paralela al mar, el Transatlanticism, recreándose en la fragilidad de la voz de Benjamin Gibbard. Y si además hacéis un poco de trampa y podéis meterle de bonus track "Your Heart Is An Empty Room", la melancolía está asegurada. Puro fallin´autumn, que dicen en H&M.

La cocina de la Casa de Alba

Hojeando una de mis últimas adquisiones de la sección de Oportunidades de París-Valencia (¿qué no es Oportunidades en París Valencia?), un manual de cocina y chascarrillos históricos llamado La Cocina De La Casa De Alba, que abarca cinco siglos en los fogones y los comedores de la célebre familia de caciques, he encontrado una receta que ha llamado poderosamente mi atención, al tratarse de un plato concebido para el paladar infantil. Uno se pregunta si un niño de hoy en día, educado en la permanente satisfacción oral, como apuntaría Lipovetsky, acostumbrado a la complacencia de los sabores dulces y almibarados, incapaz de obligarse a tolerar un sabor difícil, de esos que requieren varios intentos hasta captar los matices que lo hacen agradable, sería capaz, no ya de comerlo, sino de mirar un plato como el que se describe a continuación sin vomitar.

Sesos dorados para niños inapetentes. Ingredientes: Una sesada de cordero o carnero, 2 huevos, 3 cucharadas de miel, 1/4 kg. de manteca, una pizca de comino. Preparación: Limpiar los sesos frescos de cordero grande o carnero y cocer con agua y sal durante 10 minutos. Sacar, escurrir y reservar. Hacer con ellos unas bolas pequeñas y pasar por el huevo batido, al que se le habrá echado una pizca de comino molido. En una sartén poner manteca, y cuando esté caliente freír las bolas pasadas por el huevo y colocar en una fuente bien escurridas. En un cacito con tres cucharadas grandes de miel y dos de agua a fuego lento, diluir la mezcla, y cuando esté bien disuelta, echar en caliente sobre las bolas de los sesos. Este plato se come templado y es válido para tomar como cena o merienda.

Manuel Valencia: el coleccionista de payasos

Manuel Valencia (Valencia, 1970) es uno de los mayores expertos en serie b del mundo, y no exagero. Su fanzine 2000 Maniacos es un verdadero hito en el underground español, con casi dos décadas de vida mostrenca a sus espaldas, dedicado a indagar qué hay más allá de la casquería, los bichos de gomaespuma y los marcianos de látex de las películas de susto. En Onorama queremos preguntarle por una afición que la gente no conoce demasiado, y que es lo más nos inquieta… ¡¡Colecciona payasos de juguete!!

¿Cuándo empezaste a coleccionar payasos?

Hará cosa de dos años.

¿Por qué?

No lo sé… Supongo que me gustan desde que era un crío y todos los sábados por la tarde veía “Los payasos de la tele”, con los míticos Gaby, Fofó, Miliki… y el Señor Chinarro. Ese recuerdo infantil de chuflas, persecuciones y canciones bizarras me marcó de por vida.

Los payasos generan una sensación ambivalente en las personas. No dejan a nadie indiferente, como la serie B, que a unos les parece una mierda y a otros les evade o les sobrecoge. Con los payasos pasa un poco lo mismo: a la gente o les da risa o les produce un miedo irracional que no saben explicar. ¿Estás de acuerdo? Si es así, ¿en qué grupo te incluyes?

En la vida no todo es blanco o negro. Hay payasos que me dan mucha risa y otros que me inquietan y me dan susto terrible. Un payaso en un callejón oscuro a las cuatro de la madrugada me inquieta. Un payaso indigente pidiendo limosna borracho de vino de tetrabrick me asusta. El payaso de Micolor me pone los pelos de punta y los de las películas me suelen divertir.

Por cierto, ¿qué sensación te causaba ver a Charly Rivel por la tele cuando eras pequeño? A mi me daba bastante pena y mal rollo el numerito de los aullidos y la silla… Se me ponía el estómago en un puño y no comprendía que a la gente mayor les hiciese gracia. Hace poco revisioné su número en un documental sobre el Circo Price y la experiencia fue exactamente la misma.

Vistos ahora, los payasos de antaño parecen animales extinguidos. Son como de otra época y representan otra forma de entender el entretenimiento popular. Charlie Rivel es uno de los grandes y su número de los aullidos, el niño, el chupete y la silla un gag que debería estudiarse en todas las universidades. A mi me fascina por su sencillez y su poder de transgresión.

¿Cuáles son tus pelis favoritas de terror (o de comedia) que incluyan payasos?

Hay unas cuantas, pero mi top 5 sería este, sin orden de preferencia:

“He who gets slapped” (Victor Seastrom, 1924). Una joya en blanco y negro con el gran Lon Chaney en uno de sus mejores papeles.

“Killer Clowns from outer space” (Stephen Chiodo, 1988) Una gamberrada ochentera de las que ya no se hacen.

“It” (Tommy Lee Wallace, 1990) por Tim Curry.

“La casa de los mil cadáveres” (Rob Zombie, 2003) por ese decadente Sid Haig, loco como una cabra.

“Manolín” (Manuel Valencia, 2007) por ese payaso endemoniado que es Antonio Taboada. ¡Qué mal rollo!

Rebuscas en las tiendas de segunda mano, hurgas en los puestos más extremos del rastro, incluso compras en e-bay clowns insólitos de formas y materiales absolutamente delirantes. ¿Cuál es la pieza más rara que atesoras?

Difícil elegir una sola de las más de cuatrocientas que tengo. Algunas son más especiales que otras: una miniatura australiana graciosísima, un Capitán Spaulding de coleccionista muy realista, algunos de juguete viejo con saxofón y tambor, toda la serie del circo de los Clics de Famóbil, uno de arcilla que está sacándole las muelas a otro con unas tenazas, varios de peluche con olor a naftalina comprados en el rastro…

¿Hasta cuándo va a durar esta fiebre obsesiva por elaborar tu propio museo del horror con zapatones y narices postizas? ¿No te preocupa que la gente de tu entorno acabe por no entender esta pasión cuasi enfermiza?

No se hasta cuándo coleccionaré, pero hace tiempo que dejó de preocuparme lo que la gente piense de mi. El único problema que tengo es el espacio físico, encontrar el sitio adecuado para acogerlos a todos en un lugar confortable donde puedan convivir en armonía. Estoy pensando en construir Pipolandia: La Mansión de los Payasos Perdidos, pero todavía me llevará un tiempo. Estamos trabajando en ello.

Je t´aime!, el amor visto por Dran

Recientemente editado en Francia por Editions Populaires, "Je t´aime!", última referencia tebeística de Dran (apenas conocido en nuestro país, tiempo al tiempo), es una mirada salvaje y ultrahumorística a las relaciones de pareja, caricaturizadas desde el pesimismo y la convicción de que el amor es un despropósito psicopatológico inevitable, donde los intereses comunes, a veces, no están tan claros. Dran ironiza sobre los mitos del amor, echando cal viva en la cara de Cupido, y bromeando continuamente sobre los porrazos del tira y afloja en el que uno se ve inmerso desde que pronuncia las palabras mágicas… Je t´aime.