Los héroes inacabados

"Un cojo se echó en un pozo, otro cojo lo miraba y otro cojo le decía: Mira el cojo como nada". Popular

El cine y la tele, quizás por su condición de representación parcial, por su aspiración a ser realidad sin serlo, han mostrado una natural predilección por los héroes mutilados, inacabados, mal hechos. En Onorama queremos hacer un recorrido por los más significativos: 

Garras Humanas (The Unknown, Todd Browning 1927) El irrepetible Lon Chaney, maestro de la "caracterización extrema", como dio en llamar a las asombrosas mimetizaciones morfológicas de la realidad física de los anómalos personajes a los que dio vida, se mete en la piel de un lanzador de cuchillos manco, enamorado de una corista que huye de los brazos peludos, traumatizada por un incidente sexual del pasado. Lo que el espectador no sabe es que en realidad él no está tullido: esconde sus manos porque se oculta de un antiguo crimen. Sin embargo, al enamorarse de la pollita desquiciada, decide, en un acto de amor puro y definitivo, extirparse los brazos quirúrgicamente para agradarle. Cuando ella le confiesa que está coladita por el forzudo del circo a él le da un ataque de risa de persona loca y se trastorna. El final aún es más desastroso y malrollero.

Acción Mutante (Alex de la Iglesia, 1993) Un grupo revolucionario terrorista de discapacitados físicos lucha contra el sistema y siembra el horror en la galaxia, derrocando el imperio de la gente guapa y dejando tras de si un rasto de hemoglobina y explosiones. El discurso de De la Iglesia nunca fue tan radical, falto de complacencia comercial y libre. Puro tebeo punky de corta pega, trufado de homenajes (la masacre de los pijos con Karina sonando de fondo es brutal), con un nada amable Antonio Resines en las antípodas de sus habituales papeles mainstream orientados al público familiar.

Ricardo III (Laurence Olivier, 1955) La mugre y la furia. El rey jorobado y envidioso que se hizo con el trono de Inglaterra urdiendo oscuras tramas en la sombra, sirvió a Julien Temple como alegoría para cohesionar todo el material de archivo rodado en torno a los Sex Pistols, y su corte de bufones deshilachados, The Filth And The Fury. Laurence Olivier nunca estuvo tan terrorífico y convincente como cuando encarnó al sanguinario Duque de Gloucester, haciendo gala de la popular mala ostia del cojo en esta recreación maquiavélica del personaje antológico de Shakespeare.  

Yo Claudio (Herbert Wise, 1976) Tiberius Claudius Drusus Nero Germanicus, el Emperador torpe y tartamudo que inmortalizó Derek Jacobi en la serie homónima, ambientada en los días finales de la Roma clásica. Menospreciado por sus parientes, que no ven en él más que a un pobre tonto, dejado del favor de los dioses y los hombres, acabará tocando sus sienes con los laureles del César, y tomando el joystick del Imperio, por la sóla estrategia de pasar desapercibido en un entorno tan nocivo como la atmósfera de Venus. "Exagera tu cojera y finge aún más tu tartamudez. Sólo si piensan que eres un tonto lograrás salvarte" es el consejo que le guardará de la quema dinástica. Excelente lección de Historia.

El mago, de John Fowles

"El amor no es la identidad de dos personas, sino el misterio en el que se unen" John Fowles

Si existe un libro capaz de absorver la atención humana hasta límites propios del sexo y de algunos opiaceos, y hacer que el mundo de las personas normales, se convierta en algo tan relativo y obviable como el sonido que hace la roca en la que vivimos al girar sobre si misma, ése es sin duda "El Mago" (John Fowles, 1964), un puzzle de dimensiones titánicas, un inmenso plot donde nada es lo que parece y nadie muestra su verdadera identidad hasta la última página. El perro viejo de Fowles (1926-2005), que ya había escrito dos años antes la maravillosa "El Coleccionista", en la que se basaría el imprescindible filme de culto de la escena pop británica de los 60, elabora aquí un relato atrapante, ineludible, tejido como una tela de araña, en torno a un personaje que trata de buscarse a si mismo, huyendo de los escombros emocionales que ha dejado en su Londres natal, para acabar perdiéndose, casi contra su voluntad, en una odisea psicopatológica y esotérica en una exótica isla griega, donde acepta un puesto de profesor sin saber la que se le viene encima. La existencia de un nebuloso personaje místico; una mezcla de embaucador, mago y santón, poseído por una misantropía diogenética que le mantiene al margen de sus congéneres, trastornará la estancia del protagonista, colocándolo en el centro de una trama agitada, en la que no faltarán alucinógenos, nazis, amantes gemelas y extrañas apariciones, desafiando las leyes de la lógica y la razón.

A la manera de los textos clásicos, El Mago es un viaje iniciático, un metathriller que va más allá de la simple aventura exterior, y renueva el género abriendo puertas en planos inusuales hasta entonces dentro del género, como son el onírico, el filosófico o el psicoanalítico. Fowles aglutina las enseñanzas de Homero y Ovidio, y las reformula con el pulso de la literatura beat, creando un tebeo altamente disfrutable, donde cada caja esconde otra en su interior, en una sucesión contínua de quiebros, sorpresas y engaños.

 

5 discos para escuchar en verano

EL VERANO ADOLESCENTE "Yours To Keep" (Albert Hammond Jr., 2006) El guitarra peludo de los Strokes se desmarcó en su debut en solitario con una colección de canciones soleada, despreocupada y compacta, que apela al folk naïf de Donovan en las lentas (Cartoon Music For Superheroes, Blue Skies), e invoca el espíritu de la Nueva Ola neoyorquina en los medios tiempos (In Transit, Holiday), trufada de jingles que funcionan a la primera escucha (101, Bright Young Thing), y con un sentimiento liberador irresistible. Los Strokes le cantan a las masas que huyen de la ciudad cuando el asfalto fundido empieza a engullir coches. Albert Hammond es el verano adolescente en las terrazas de Manhattan, con el skyline anaranjado y los aviones pasando por encima, haciéndose a la idea de que está uno en la playa con una toalla y un coco hueco relleno de zumo. Summer is a state of mind.

EL VERANO DE LOS CAMBIOS "Clouds Taste Metallic" (The Flaming Lips, 1995) Si Albert Hammond Jr. representa el verano inocente y cándido en la ciudad, los Flaming son el rito iniciático en la casa de campo, descubrir a los Flying Burrito Brothers, los Zombies y los Carpenters en el viejo ocho pistas del desván, las chicas del vecindario que leen tebeos raros, y el ácido en el porche de atrás. La ceremonia orgiástica de Wayne y los suyos, alcanza su punto máximo en este tour de force de influencias psicodélicas magníficamente concretadas; un largometraje hecho a base de flasbacks de superocho pegados con mermelada de arándanos, y proyectado con un foco gigante para hacer aterrizar aviones. Un viaje alucinante al centro del cerebro en pleno mes de Agosto, remojado con limonada. Eros y Tánatos entrechocan sus fuerzas para conjurar el disco del verano de las primeras veces. Y San Brian Wilson preside la misa pagana con una sonrisa beatífica.

EL VERANO PERFECTO "Warmer Corners" (The Lucksmiths, 2004) La cuadratura del círculo veraniego: no sobra un solo tema en este fresco de emociones tan luminoso como memorable. Uno no se cansa de escuchar a los Lucksmiths desde el mismo momento en el que los descubre. Todas las canciones, TODAS, son singles potencialísimos, resueltos en pocos minutos, y envueltos de una languidez y un optimismo puramente Morrisey, que alza el vuelo y se posa delicadamente, arrastrándote con las inflexiones de la voz de Taliesyn White hasta el limbo donde laten todos los veranos perfectos que nunca hemos vivido. Es imposible que este disco no le guste a nadie.

EL VERANO INTEMPESTIVO "L´Avventura" (Dean Wareham & Britta Phillips, 2003) Cuando el crepúsculo linda con el amanecer de un modo mágico, como si no hubiera sucedido nada y hubieran transcurrido siglos a la vez. Cuando la ingravidez veraniega suspende el tiempo en la oscuridad, Dean Wareham y Britta Phillips son la voz que guía los pasos del astronauta advenedizo, perdido en un mar de sensaciones nuevas, abrumado por la pureza de los brillos estelares sobre el tapiz negro del cosmos. L´Avventura es un trabajo denso y fácil: es Gainsbourg y Scott Walker, pero también es easy listening puro, el hilo musical de una discoteca secreta, una especie de logia donde el corazón abre puertas infranqueables. El disco del estío diluído en el misterio de la noche.

EL FINAL DEL VERANO "Transatlanticism" (Death Cab For Cutie, 2003) Desde el momento en que Septiembre empieza a rondarnos como una guadaña Bergmaniana, es hora de sacar el jersey del fondo del cajón, decir adiós a los amigos de la playa, y escuchar en el coche, bordeando la carretera que transcurre paralela al mar, el Transatlanticism, recreándose en la fragilidad de la voz de Benjamin Gibbard. Y si además hacéis un poco de trampa y podéis meterle de bonus track "Your Heart Is An Empty Room", la melancolía está asegurada. Puro fallin´autumn, que dicen en H&M.

La cocina de la Casa de Alba

Hojeando una de mis últimas adquisiones de la sección de Oportunidades de París-Valencia (¿qué no es Oportunidades en París Valencia?), un manual de cocina y chascarrillos históricos llamado La Cocina De La Casa De Alba, que abarca cinco siglos en los fogones y los comedores de la célebre familia de caciques, he encontrado una receta que ha llamado poderosamente mi atención, al tratarse de un plato concebido para el paladar infantil. Uno se pregunta si un niño de hoy en día, educado en la permanente satisfacción oral, como apuntaría Lipovetsky, acostumbrado a la complacencia de los sabores dulces y almibarados, incapaz de obligarse a tolerar un sabor difícil, de esos que requieren varios intentos hasta captar los matices que lo hacen agradable, sería capaz, no ya de comerlo, sino de mirar un plato como el que se describe a continuación sin vomitar.

Sesos dorados para niños inapetentes. Ingredientes: Una sesada de cordero o carnero, 2 huevos, 3 cucharadas de miel, 1/4 kg. de manteca, una pizca de comino. Preparación: Limpiar los sesos frescos de cordero grande o carnero y cocer con agua y sal durante 10 minutos. Sacar, escurrir y reservar. Hacer con ellos unas bolas pequeñas y pasar por el huevo batido, al que se le habrá echado una pizca de comino molido. En una sartén poner manteca, y cuando esté caliente freír las bolas pasadas por el huevo y colocar en una fuente bien escurridas. En un cacito con tres cucharadas grandes de miel y dos de agua a fuego lento, diluir la mezcla, y cuando esté bien disuelta, echar en caliente sobre las bolas de los sesos. Este plato se come templado y es válido para tomar como cena o merienda.