El pollo danzante de Stroszek

"Stroszek"
Int: Bruno S., Eva Mattes, Clemens Scheitz, Wilhelm Von Homburg, Burkhard Driest, Clayton Szalpinski, Ely Rodríguez Dur: 115 min

La película que indujo al suicidio al garganta de Joy Division. Herzog dibuja una elipsis sobre los supervivientes de la sociedad de -explotación y- consumo, narrando la historia de Bruno, un músico ambulante que sale de la cárcel, y acoge en su casa a una chusca prostituta de rasgos caucásicos, chuleada por dos macarras que les hacen la vida imposible. Juntos intentarán dejar atrás la miseria y el chabolismo vertical, y comenzar una nueva vida en una granja de América, pero allí todo se agravará: la joven seguirá vendiéndose a los camioneros por unos pavos extra después del trabajo, y Bruno verá como embargan sus bienes –la casa y la tele, subastadas en una delirante secuencia jaleada por rednecks y hillbillies-. El final muestra a un protagonista fuera de si, con un determinismo protopunk que tras atracar el banco del pueblo para recuperar su dinero, abandona su furgoneta –ardiendo y girando en círculos- para adentrarse en una especie de rudimentarios recreativos, donde unas atracciones mecánicas son accionadas por animales. Bruno las pone en funcionamiento manipulándolas por la fuerza, y las atracciones se ponen a rodar indefinidamente. A continuación pone en marcha un pequeño teleférico, y sube a él de un salto, para suicidarse a continuación, integrándose él también en una figura mecánica cíclica, y dibujando así una bella metáfora sobre la explotación sistemática. Ian Curtis hizo la lectura más extrema posible: él también giraba colgado del techo de la cocina de su casa mientras el furgón ardiendo dibujaba círculos sobre si mismo dentro de su televisor; secuencia recreada en la magnífica peli de Winterbottom “24 Hour Party People”.

Volviendo a los animales, lo mejor de la película, a nivel conceptual, es la escena del pollo danzarín en la máquina de echar duros. Piensen ustedes en sus trabajos y analicen lo que hacen por cuatro perras, y luego intenten echarse unas risas.
http://youtube.com/watch?v=lUcTvhyof8I

Revisitando Brideshead Revisited

A puntito de remake -nefasto, intuyo- en pantalla grande, Retorno A Brideshead (Brideshead Revisited) además de una novelita recomendabilísima para estas tardes tontas de verano, por sus altas dosis de intrascendencia, azote británico y pompa rococó, es una serie antológica de la tele inglesa de principios de los ochenta, cuyo visionado debería ser obligatorio en todos los colegios. La versión escrita, obra del simpar Evelyn Waugh (en Anagrama tiene editada una novela corta sobre cementerios de animales absolutamente deliciosa) contiene un párrafo fascinante, donde el primo del protagonista le alecciona sobre los peligros a evitar en un college y los consejos para sobrevivir, académicamente hablando:

¿Estudias historia? Una escuela perfectamente respetable. La peor es la de literatura inglesa y después la de filosofía y ciencias políticas. Debes sacar un primer puesto o un cuarto. Los grados intermedios no tienen ningún valor. Pretender un segundo puesto es perder el tiempo. Debes asistir a las mejores clases, Arkwright sobre Demóstenes, por ejemplo, sin tener en cuenta si corresponden a tu disciplina o no… En cuanto a la ropa, viste como vestirías en una casa de campo. No se te ocurra jamás llevar chaqueta de tweed ni pantalones de franela; siempre un traje. Y acude a un sastre de Londres: el corte es mejor y el crédito más largo… Clubs. Hazte socio del Carlton ahora mismo y del Grid al empezar tu segundo año. Si te interesa ser miembro de la Unión, y no es una mala idea, fórjate primero una reputación fuera de ella, en el Canning o el Chatham, y empieza por artículos en la revista… Y no te acerques a Boar´s Hill… (…) No trates a los profesores como si fueran maestros; trátalos igual que al vicario de tu pueblo… Descubrirás que pasas la mitad de tu segundo año quitándote de encima a las amistades indeseables que hiciste durante el primero… Cuidado con los anglocatólicos, todos son sodomitas con acento desagradable. Es más, manténte lejos de todos los grupos religiosos; sólo traen problemas. (…) Y otra cosa. Cambia de habitaciones. He visto arruinarse la carrera de más de uno por tener habitaciones en la planta baja que dan al patio principal. La gente empieza a dejarse caer por aquí. Te dejan las togas y vienen a recogerlas antes de ir a clase. Cuando te das cuenta, has abierto un bar gratis a todos los indeseables del College.   

Momentos de pop excelso (2): “Isn´t Life Strange” de The Clientele

Si la hubiesen escrito los Zombies sería un clásico innegable del sunshine pop. "Isn´t Life Strange" tiene la languidez de una tarde de verano infinita, el equilibrio perfecto entre la tristeza de lo perdido y la felicidad de saber que aún hay más, que en la voz de Alasdair MacLean, se torna un canto elegiálico por las ocasiones desvanecidas, por las cosas de cristal que se rompen y nunca se vuelven a pegar. Maravillosa.

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